AMANECER
El horizonte mostró su luz
en un intento de recitar su poesía.
No hicieron falta versos ni melancolía,
el sol orquestó una verdad sagrada.
Mil momentos fluyeron de mi pecho,
se convirtieron en musas que me incitaron a escribir.
La agonía murió mucho antes de que yo lo entendiera.
Quizás esta escena ya la viví,
pero mi alma prefiere sorprenderme
con instantes que se convierten en frenesí.
Bendigo la nostalgia que me acompaña,
las derrotas,
las lágrimas que no supieron perdurar,
que alquimizaron patrones ancestrales;
porque perder también significa ganar.
Me quedo con ese equipaje vacío:
es un espacio que deberé llenar.
Nunca me detuve en un solo destino,
porque el camino
se construye al andar.
